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EL CALIFORNIA ROLL – PLIEGO VILLARREAL

El Jonronero

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La primera vez que comí sushi en mi vida fue obligado. De la vista nace el amor para algún platillo y yo la neta no le miraba nada interesante a un rollo de arroz con pescado adentro, salsa de soya y una cosa verde por un lado. Estábamos de gira por Austin, Texas, creo que era por el 2004, y el platillo japones lo traían de moda mis amigos del conjunto; yo la neta quería una Whataburger pa’ no fallarle, pero me insistieron en ir pa’ probar el mentado sushi. Llegamos y nos sentamos, los meseros de ojo rasgado las carta del menú nos llevaron, yo no entendía ni madres, pinches nombres mamones como: “California Fire”, “Red Tuna”, ”Sevino Sobreti Sushi”, entre otros cuantos más (luego, en Monterrey, salieron los sushis de trompo y arrachera). Me trajeron el rollo con palitos y preferí agárralo como galletas, con la mano. Les pregunté a estos vatos si la cosa verde era guacamole, y al momento de comerlo me salió lumbre por la nariz, ¡no mames! ¡Qué cosa tan fuerte es el wasabi! Los ojos no me paraban de llorar y les mente la madre. Y esa fue mi novatada cuando comí sushi, y ahí el espectro del paladar y el gusto se me empezó a educar para comer cosas nuevas y no solamente tacos y hamburguesas.

Cada vez que como comida japonesa me acuerdo tanto de esa anécdota que le agarro más sabor en cada mordida, amante del arroz y del pescado crudo. Lo que todavía no me interesa es saber usar son los chingados palitos esos, con la mano me gusta más comer, se siente bien sabrosa la consistencia del rollo crudo o empanizado.

Así como llegó la invasión de la gastronomía japonesa, llegaron los peloteros a Grandes Ligas. Algunos no les entendían, otros los odiaban y muchos los amaban. El primer pelotero japonés que debuto en Grandes Ligas fue Masanori Murakami, un primero de septiembre de 1964, con los Gigantes de San Francisco; Murakami llegó al big show porque su equipo de la liga japonesa, los Nankai Hawks, lo mandaron a los Gigantes. Murakami fue relevo de San Francisco, su velocidad no era tan cabrona, pues sólo llegaba a las 80 Mph; lo de ese peladito era más tirar la curva y el cambio, porque en Grandes Ligas lo enseñaron a tirar la screwball. El pitcher relevista tuvo buen desempeño durante el poco tiempo que estuvo en Grandes Ligas, tuvo cien ponches, pero el ERA le bailaba poquito con 3.43. Su equipo en Japón lo llamó de regreso y, una nota curiosa, es que decían que él también se quería ir porque el arroz en los Estados Unidos nomás no le gustaba nada; ve tú a saber si es verdad o falsedad, pero yo sí le creo, el arroz pegado la caga toda.

 

 

El segundo pelotero japonés en debutar en el mejor beisbol del mundo fue Hideo Nomo; a ese vato me tocó verlo y me enamoré de su manera de pichar, de su elegante windup. Nomo debutó un dos de mayo de 1995 con Los Dodgers. Qué chistoso que dos equipos con gran rivalidad fueron los primeros en agarrar japoneses ¿verdad? Hideo Nomo, en su carrera en Grandes Ligas, tiró dos juegos sin hit, fue Novato del Año, All-Star y dos veces líder de ponches.

 

 

De ahí empezaron a caer más peloteros japoneses a Grandes Ligas, como Dave Roberts, que es muy conocido por el robo de base que tuvo contra los Yankees en el 2004, juego 4 del ALCS, y por sus constantes cagazones que hace como mánager de los Dodgers. Hideki Matsui, Yu Darvish, Tanaka, Kuroda, Maeda… y la lista sigue, pero creo el que el mejor en todos los aspectos, hasta hoy, es mi ídolo Ichiro Suzuki, pero para él necesito escribir mil columnas completas para sostener todos sus logros.

 

Hace unos días regresé al Angel Stadium, ese fue uno de los primeros estadios que conocí en mi vida. Recuerdo que me dieron a escoger a donde quería ir, si a ver al Pato Donald o a ver béisbol y creo usted ya sabe la respuesta. Ahí, en ese estadio, fue donde vi jugar por primera vez en vivo a Rickey Henderson con los Atléticos, pero esa es otra historia. El Angel Stadium es un bonito estadio, he ido varias veces, pero esta vez la gente estaba hipnotizada con el japonés Ohtani, ¡qué manera de amarlo! Y la verdad se lo merece. Ohtani debutó un 29 de marzo del 2018 y nunca había demostrado lo tan riata que es hasta esta temporada, ¡qué bárbaro a ese peladito! Lo alimentaron con un arroz superespecial, así como los pollos que hace mi compadre Chapas, gran músico y acordeonista de Los Humildes; Ohtani mide 1.93 m y tiene una complexión muy atlética; lo vi en spring training y pego home run para su lado contrario dos veces y, esta vez, en juego contra Orioles, la puso también de home run dos veces. Ya le mandé una carta a su agente para que me lleven como amuleto, pero no he recibido respuesta; si alguien lo ve, recuérdenle por favor.

 

 

 

Platiqué con mi amigo Fernando Esquer, conocedor del tema y fanático de los angelitos y me dijo esto: “Las lesiones nos habían impedido de disfrutar del espectáculo que puede poner Shohei Ohtani en el terreno, pero en este 2021 llegó la hora del show; ya resulta insuficiente pedir cinco herramientas, que además de hacerlo todo a la ofensiva, Shohei demuestra que puede lanzar con enorme efectividad. Y en tiempos en los que se habla de convertir al bateador designado en regla general, el japonés nos brinda un platillo gourmet estratégico el día que abre juego y Joe Maddon lo mantiene en el duelo como jardinero. Si nuestra generación piensa que ya lo había visto todo, es tiempo de mostrar que la historia puede tomar un nuevo y emocionante camino.

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CHEPE ON DECK

Humberto “lobito” Saiz, ¿Tendrá una tercera oportunidad en LMP?

Chepe Zazueta

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Humberto “lobito” Saiz, es integrante de la dinastía más afamada de ampayers en el béisbol mexicano.
Su padre, Víctor Saiz, es integrante del salón de la fama del béisbol mexicano que se encuentra en Monterrey, Nuevo León. Sus tres hijos han sudo jueces en el béisbol profesional mexicano: Víctor, Humberto y Alfonso Saiz.

Sin embargo, Humberto “lobito” Saiz, le dio un duro golpe a su dinastía, al ser sacado por elementos de seguridad, del estadio Teodoro Mariscal, de Mazatlán, Sinaloa, durante el duelo Venados frente a mayos, en aparente estado de ebriedad y luego de haber estado haciendo gestos obscenos al público.

“El lobito” Saiz, ha sido el único ampáyer en el béisbol mexicano que ha trabajado por cinco décadas; inició su carrera a principios de los años ochenta. Ha sido ampáyer en 19 series del caribe.

Alfonso “el charro” Márquez, ampáyer mexicano que trabaja en las grandes ligas de los Estados Unidos y quién acaba de estar en la pasada serie mundial, nos dijo en una ocasión en entrevista: “Humberto Saiz, es mejor ampáyer que varios que actualmente se encuentran en las grandes ligas; la barrera del idioma ha impedido que Humberto trabaje en el más alto nivel”.

A esa barrera del idioma, el no manejar lo suficientemente fluido el idioma inglés, habría que agregarle que la vida de Humberto Saiz ha sido manchada por estos actos de indisciplina. Ya que años atrás estuvo suspendido de Liga Mexicana del Pacífico por fallar en un examen antidoping.

La LMP, emitió un boletín suspendiendo indefinidamente a Humberto Saiz. Quién a su vez ya se disculpó públicamente por lo ocurrido en el estadio Teodoro Mariscal.

He aquí un interesante punto de inflexión en la vida de la LMP, para demostrar que es un circuito regido por el orden y la disciplina. Y para Humberto Saiz, también. Demostrar con hechos su real arrepentimiento y no de dientes para afuera.

¿Tendrá una tercera oportunidad? Amanecerá y veremos.

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DE PISA Y CORRE

Regresa Roberto Kelly con Sultanes

Juan Carlos Torres

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El panameño Roberto Kelly regresó a Monterrey para hacerse cargo de los “Sultanes de verano” luego de que fueran un completo desastre en la temporada pasada y no lograran calificar a postemporada por primera vez desde el 2015.

Sultanes no es una franquicia que en el actual milenio acostumbre a darle las gracias a los managers a menos que las cosas estén muy mal, las últimas ocasiones cuatro ocasiones en que han cambiado de mando en medio de una temporada fueron en 2002, 2005, 2015 y 2021, siendo en esta última donde también se vinieron cambios importantes en el transcurso de la misma donde la planeación original que se tuvo sufrió cambios importantes.

Algunos dirán que fue por falta de presupuesto para el equipo, otros por mala suerte, por tenerle mucha paciencia a los extranjeros o precipitarse con la salida de todo el cuerpo técnico en general, así como de la directiva, pero lo trascendente aquí es ¿cuál será el enfoque que tendrán los Sultanes para la próxima temporada?

Las declaraciones
Durante la presentación se anunció que Kelly está firmando por dos temporadas con los Sultanes en LMB, así como el hecho de esperar que esté el cuerpo técnico completo para poder anunciarlo, algo que muchos esperamos demasiado debido a que muchos de los elementos que tuvo durante 2018 y 2019 son personas a las que les dieron las gracias en la campaña anterior.

Al margen de las declaraciones que se esperaban de un manager como el decir que el reto no es fácil o que se compromete a poner un equipo que compita y gane partidos, comentó algo interesante: está abierto a las sugerencias de parte de la directiva, pero que él será quien tome las decisiones, pueden ser buenas o malas, pero siempre serán sus decisiones en función del momento y las circunstancias del mismo.

¿Qué esperar?

Esta sin duda es la pregunta que todos nos hacemos. Roberto Kelly ha mostrado en las tres temporadas que ha estado con Monterrey que sabe mantener la disciplina en el equipo, así como dar resultados de al menos vender caras las derrotas en la postemporada logrando ganar una de las dos Series del Rey que disputó en 2018, y caer en el juego 7 ante Monclova que a la postre sería el campeón.

Si la dirigencia regiomontana tiene claro qué es lo que quiere y la forma en la cual se va a construir el equipo considerando los cambios, préstamos y el cambio que le han querido dar a la base nacional, esto puede ser algo benéfico, aunque quizás costoso por algunos lapsos de la temporada. Pero si llegan desesperados y echan por la borda todo lo que se pudo planear en temporada muerta, será difícil que se logre un éxito, ya lo dijo el Ing. Pepe Maiz en la conferencia de prensa: “tenemos un ambientazo, ya el aforo permitido con el 90%, solo nos faltan los triunfos”.

Esperamos sus comentarios, estamos a la orden en el [email protected]_Torres de antemano gracias por el tiempo dedicado para leernos, aunque sea… De pisa y corre

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CHEPE ON DECK

14 inmortales de Cooperstown han pasado por el béisbol de la costa del Pacífico

Chepe Zazueta

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Con la elección de Tony Oliva y Orestes “minnie” Miñoso, subió a 14 la lista de peloteros que han jugado en el béisbol de la costa del pacífico mexicano.
En 1945, Bob Lemon y Whitey Ford, vieron acción con Hermosillo y Mazatlán respectivamente. Whitey Herzorg, también jugó en esos ayeres con Obregón y Navojoa.

Estas estrellas de las ligas negras jugaron para Obregón en la vieja liga de la costa: Ray Dandrigde, Willie Wells, Buck Leonard y Ray Brown.
En 1973, Dave Winflied, jugó para Obregón. En 1978, el gran Rickey Henderson, el líder de todos los tiempos en bases robadas y anotadas en las grandes ligas, no solo jugó, sino fue campeón con los Mayos de Navojoa. Frank Robinson, el primer manager negro en dirigir en las grandes ligas, dirigió a los Tomateros de Culiacán.

El canadiense Larry Walker, en 1987 jugó para los Naranjeros de Hermosillo y en 1991 Mike Piazza para los Águilas de Mexicalli.

Y ahora Tony Oliva y Minnie Miñoso. El primero, cuando jugó con los cañeros hizo lo que quiso en solo un mes de temporada, bateó .385 con 12 jonrones y 29 impulsadas. En el caso de Miñoso, cuando jugó para Naranjeros de Hermosillo en 1966, se le recuerda porque paró la racha de 6 campeonatos de bateo consecutivos que traía el Superman de Chihuahua, Héctor Espino González.

Con orgullo podemos decir que tuvimos la fortuna de ver jugar algunos de estos monstruos de la pelota; incluso entrevistar algunos de ellos. A Tony Oliva como manager algodonero y Minnie Miñoso, en su ceremonia de entronización al salón de la fama del béisbol mexicano. ¡Que orgullo!.

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